Diario de servicio

Un registro de rendición

El morbo de ser cornudo

Cuando busco referentes sobre hacia dónde quiero llevar mi relación, a menudo me topo con el porno. Y el porno miente.

En la categoría de cuckold o hotwife, la industria presenta una caricatura extrema: maridos humillados verbal y físicamente, comparaciones de tamaños absurdas y una narrativa centrada, irónicamente, en el hombre. Todo gira en torno a cómo el marido procesa la situación. Es una fantasía al servicio del ego masculino.

Personalmente no me escondo del término “cornudo”; tiene un morbo que me enciende. Y quiero que mi mujer me sea infiel en nuestra relación.

Aún no ha sucedido.

Es una conversación viva entre nosotros. Lo hemos hablado en la calma del día a día y lo hemos usado para excitarnos mientras follamos. Es una puerta entreabierta que veremos cómo nos hace sentir. No es una obligación, es una posibilidad latente. Una relación abierta unilateral. Ella vive la libertad de la oportunidad. Yo vivo la libertad de la obediencia.

En este futuro posible, si ella conecta con alguien, quiero que tenga la libertad absoluta de dejar que suceda. Sin necesidad de pedir permiso, sin mensajes de comprobación, sin mi supervisión. Renuncio voluntariamente a tener que ser partícipe, consultado o informado antes o durante. Si conoce a alguien, si hay atracción, deseo que se deje llevar por sus deseos.

No es que mi opinión no exista o que tenga que ser excluido; es que no soy necesario. Yo puedo ser partícipe, simplemente no tengo por qué serlo.

Mi recompensa en este acuerdo llega cuando ella vuelve a casa. Siento electricidad al pensar en el reencuentro. Verla volver distinta, satisfecha y empoderada. Saber que ha aprovechado una oportunidad vital y que yo sigo aquí, cuidando la base. Cómplice. Feliz. Satisfecho.

Me atrae que cree conexiones emocionales.

Existirán aventuras de una noche, pero otras llevarán semanas de interacción, de crear intimidad. De construir una relación que vaya más allá de la fricción mecánica. Donde viva múltiples experiencias ricas y plenas con alguien que le aporte. No creo en la figura que vende el porno del bull (macho alfa dominante sin sentimientos), creo en las amistades con derechos. En relaciones que evolucionan y pueden llegar a ser una especie de novio o novia.

En estas relaciones, aparte de la versión donde no estoy (donde mi rol es la ausencia total), existe la versión voyeur, donde soy un observador de los besos con pasión y la química sexual, testigo de su placer sin que mi participación sea directa. Otra opción es que participe, que seamos tres. Donde incluso exploro mi bisexualidad si se trata de un chico.

En esta asimetría de relación abierta, yo ofrezco fidelidad y exclusividad. Mis deseos, mi atracción por hombres y mujeres, tienen reglas distintas. No desaparecen, pero el control, como todo en nuestra relación, permanece en mi mujer. Sus deseos, preferencias y necesidades son el objetivo de mi servicio.

Me gusta pensar en un futuro donde ella va por la vida sabiendo que puede decir “sí” cuando quiera. Y me da paz saber que yo solo diré “sí” cuando ella me lo diga.