Diario — 4 de mayo de 2025
Hoy en la ducha de la mañana me ha apetecido masturbarme y tener un orgasmo. Obviamente no lo he hecho. Sin embargo me ha hecho reflexionar sobre algo, no tengo control sobre mis orgasmos y no se si lo volveré a tener.
Ha sido un pensamiento puramente racional. Una especie de revelación. Por un lado he sentido respeto y por otro anticipación.
Respeto por la magnitud de la decisión si mis fantasías se siguen haciendo realidad y mi diosa continua poseyendo mi autonomía. Pensaba en que ha habido épocas donde me masturbaba varias veces al día y ahora mismo está fuera de mi alcance que eso pueda suceder.
Anticipación porque siento que mi entrega tiene valor y por lo tanto tiene recompensa. Entonces anticipo que se exija más entrega y aumentar la recompensa. Un efecto incremental.
Hoy, y creo que ayer, he sentido a mi mujer usar mi cuerpo en público. Tener movimientos posesivos, del tipo de agarrar mi cintura, darme azotes en el culo, o pedir mis caricias. Siento que son acciones normalmente más asociadas a como un hombre trata a su mujer. Me gusta pensar que se siente más cómoda en su rol y lo expone más.
Fue increíble como me sobó durante nuestra ruta. Me hizo sentir su juguete. Me puso cachondo, manteniendo su control sobre mi. Haciendo que fuera obediente.
Hoy en nuestra rutina de noche estaba muy cachondo. Mi mujer lo notó y empezó a frotar mi polla con su pierna, haciéndome gemir del gusto. Le debí de poner cachonda porque me dejó comerle el coño. Fue tras decir que me había podido hacer poco caso estos días.
Nos fuimos al sofá y me puse a trabajar su coño fervientemente. Es lo más cerca que he estado de perder el control. Me pisaba la polla, me atrapaba entre sus piernas, me situaba y tiraba del pelo… Ha sido mágico. Ha tenido un orgasmo excelente.
Yo sigo sin correrme.