Diario de servicio

Un registro de rendición

Diario — 7 de mayo de 2025

Durante mi clase de mindfulness hoy me he excitado pensando en mi diosa. Me siento muy afortunado de como me cuida y se preocupa por mi.

Cuando le he contado que quería meditar a diario y que creía que haciéndolo para ella iba a tener constancia, no ha perdido un segundo en hacerlo realidad y ordenarlo. Le ha dado más importancia que a los aspectos sexuale y le ha parecido importante para mí salud mentals. Soy afortunado.

Se que si es algo que ella me pide y donde lo hago para ella es más probable que lo cumpla que si lo hiciera para mí.

Siento que ser así es raro.

Parece que mi dependencia por ella ha crecido últimamente pero no siento que sea algo que haya aumentado. Simplemente está más a la vista, que este siempre fue mi comportamiento. Creo que ser un tema tan en abierto me hace sentir inseguro al mismo tiempo que liberado.

Me da paz interior hoy haber hecho muchas de las cosas que he hecho por priorizar a ella y sus necesidades. Y es algo no sexualizado, simplemente emocional.

Quiero una diosa plena, con una sensación de empoderamiento máximo. Que se sienta independiente y autónoma en todas las facetas de su vida. Que se priorice, y cuando sea necesario sea egoísta. Quiero que se sienta realizada.

Cuando veo esa figura hacerse realidad se dibuja mi figura. El acompañante. El hombre detrás de la gran mujer. El habilitador. El conciliador. El que acepta. El que se adapta. El seguidor. El que es grande junto a ella.

No es una anulación de mi ser, es un potenciador.

Mi diosa sabe que meditar es bueno para mí y quiere que lo haga, yo lo hago por mi diosa.

No es un poder absoluto. No es una obligación. Es una entrega consensuada y libre. Es algo que doy libremente y de lo que sigo siendo dueño.

Servicio y obediencia.