Soy un marido que sirve
In a service oriented D/s dynamic, one partner gives himself to the other, focusing on her wants, needs, and desires.
Cuando leí esta frase sentí que mi comportamiento en pareja, ser la parte entregada, tenía nombre y era normal. Este comportamiento no se ancla en el sexo. Es parte de mi personalidad. Busco tener un rol secundario en mis relaciones.
En las últimas semanas he estado trabajando en mi servicio de una manera consciente y explícita.
Al estar de baja de paternidad y tener tiempo disponible he intentado mejorar mi servicio en la crianza, el cuidado de mi pareja, y el hogar. Me he marcado objetivos concretos de tareas y necesidades que deben ir sucediendo.
En el hogar me encargo de la cocina, de mantener la casa medianamente limpia y ordenada, hacer la colada y de todas las demás pequeñas cosas necesarias para un correcto funcionamiento. Mi motivación es mi mujer. Quiero reducir al mínimo sus responsabilidades e incrementar su felicidad y satisfacción.
Por ejemplo, el otro día antes de dormir me di cuenta de que no había sacado la ropa de la lavadora y mi anclaje mental para realizar la tarea fue que iba a ser algo que ella iba a agradecer, que era algo que, como cuidador del hogar, era mi responsabilidad. Algo similar sucede cada día con el mantenimiento de la cocina. El servicio de mantenerla limpia es el ejemplo más claro de lo gratificante que es servir. En la excitación me hace sentir sumiso. En el día a día, me hace sentir satisfecho.
Con los niños, mi rol y comportamiento de cuidador es mi estado natural. Es como soy. Mi servicio sucede durante mi proceso de toma de decisiones en donde siempre busco maximizar sus necesidades. Ponerle fácil el cuidado diario aceptando sus preferencias o haciéndome cargo al completo. Cuando me hago cargo de los dos, la recompensa es saber que ella está libre. Al revés, me genera una prisa por volver para estar disponible si me necesita.
Quiero, y peleo, por su tiempo individual. Que tenga una vida interior plena. Este año por su cumpleaños quise regalarle vales por servicio de diferentes cosas. 40 años, 40 ideas. Vales de un solo uso, y vales permanentes. Fue una manera de hacer explícita mi entrega. El poder que quiero darle sobre mí.
Tengo el deseo de dedicarme completamente a promover su vida sobre la mía. A depriorizar o reorientar mi carrera. Darle espacio para crecer. Hacerme cargo permanente, completo y explícito de la casa, los niños, y todo lo que se ponga en su camino. Promocionar su individualismo.
A incentivar su liberación sexual. Exponenciar su satisfacción y cumplir todas sus fantasías. Generar espacios de sexualidad y sensualidad libres de culpa.
Este deseo honesto, fiel, y devoto provoca que mis protecciones internas y mi condicionamiento social se activen. ¿Qué diría mi madre? ¿Qué pensarían mis amigos?
Brevemente, mi propósito es achicado por otros constructos. Tengo que proveer. Tengo que tener una carrera exitosa. Tengo que ser independiente. Tengo que hacerme cargo de mis necesidades por mi mismo.
De repente siento que estoy haciendo algo mal.
Se parece a mi atracción por los hombres. Es algo que me cuesta reconocer en voz alta. Me avergüenza. Sin embargo, mi reaccion física, mental, y emocional ante la idea es incuestionables. En el contexto adecuado lo quiero. Tocar, besar, abrazar a otro hombre. Tener sexo. Crear una conexión. Sin embargo, los constructos se disparan y me escondo en la vida e imagen que he construido.
En el servicio siento que la oportunidad de no tener que esconderme existe. Sé lo que quiero en mi vida, sexo, y amor.
Me doy cuenta de que solo necesita ser bueno para mi pareja y para mí.
Quiero servir.