Convicción
Cuando mi mujer leyó “El morbo de ser cornudo”, su reacción fue una seguridad inequívoca de que, cuando tuviera la oportunidad, me iba a ser infiel.
Mi reacción a su reacción fue sorpresa por su convicción tan segura. Su mirada de certeza y plenitud está grabada en mi mente.
Inicialmente sentí indignación por la claridad con la que sabía que iba a suceder. Que se transformó en un tsunami de excitación por la claridad con la que sabía que iba a suceder.
Su deseo es mi ausencia absoluta. Una evocación de comportamientos del pasado, donde era infiel porque el morbo vencía a la fidelidad.
En nuestro caso, soy cómplice y el acto es confeso. A sus anteriores parejas les puso los cuernos y yo no voy a ser la excepción. La diferencia es que yo quiero que suceda.
Hablamos de lo que sentiremos. De su culpa, de mis celos. Es parte del proceso. Hay que vivirlo para entender cómo nos hace sentir el durante y el después. No nos va a frenar; seguiremos con comunicación, honestidad y transparencia para naturalizar y normalizar que sea un cornudo. Trabajamos en equipo para que ella sea libre.
Muchas veces, lo que excita en la fantasía se cae tras el orgasmo. He examinado esta idea en todos mis estados. En frío. En caliente. En el silencio de después. En la agitación de la excitación. No solo imagino el acto, también pienso en el cotidiano. La realidad alrededor de la fantasía.
La conclusión es siempre la misma. Visualizo una vida emocional, sentimental y familiar plena.
Es lo que quiero.